Por: Verónica Cruz Perales
Cada primero de julio, en el marco del aniversario de la fundación de Rioverde, se reconoce a mujeres y hombres cuya vida ha dejado una huella imborrable en nuestra comunidad. Este año, entre los galardonados, destaca con luz propia la señora Perla Trinidad Izar Castro, conocida cariñosamente como Perlita Izar, una mujer extraordinaria.
Hablar de Perlita es hablar de elegancia, sabiduría y fortaleza, cualidades que coinciden no solo con su historia de vida, sino también con el significado de su nombre. Como la gema preciosa que emerge con paciencia y resistencia desde el interior de una ostra, así ha sido ella: una mujer que se formó en la experiencia, que ha brillado sin necesidad de opacar a nadie, y que ha sabido acompañar con dulzura, inteligencia y sensibilidad a generaciones enteras de rioverdenses.
Quienes la hemos tratado, sabemos de su calidez y de su sonrisa luminosa, de su trato educado, amable, y sobre todo de su generosidad. Su belleza no es solo externa —aunque es una señora hermosa de rostro y de porte—, sino que viene desde su corazón compasivo, de su empatía silenciosa y efectiva, de su mirada que sabe comprender sin juzgar.
Durante su tiempo al frente del DIF municipal, Perlita Izar no solo dirigió, sino que sembró programas que han sido columna vertebral del sistema hasta hoy. Gracias a su visión, cientos de personas adultas mayores encontraron en esos espacios más que una atención institucional: encontraron comunidad, alegría, sentido de pertenencia y una razón diaria para levantarse con ilusión.
Instaló también una guardería infantil que representó un alivio inmenso para muchas madres trabajadoras, como yo, que vimos ahí un lugar seguro, amoroso y de calidad para nuestros hijos e hijas. ¿Cómo no agradecer algo tan fundamental? ¿Cómo no reconocer que detrás de estas acciones hay una mujer con un compromiso profundo, no con el cargo, sino con la gente?
Además, Perlita ha sido una madre y una abuela ejemplar. Amorosa, cercana, siempre pendiente del bienestar de su familia, ha sabido guiar con ternura y sabiduría a sus seres queridos, dejando también en su hogar un legado de amor, respeto y valores sólidos. Su ejemplo familiar se refleja también en la forma en que ha tratado a su comunidad: con paciencia, cuidado y profundo afecto.
El reconocimiento como Rioverdense Distinguida le queda perfecto, como un broche que honra una vida vivida con propósito y entrega. Pero más allá del acto oficial, lo que realmente perdura es su legado humano, ese que sigue latiendo en cada niña o niño que pasó por su guardería, en cada abuelito que sonrió otra vez en un taller, en cada persona que sintió su mano tendida en el momento justo.
Perlita es una perla verdadera: hermosa, única, firme, nacida de la profundidad de un corazón al servicio de los demás. Una mujer a quien, en el marco del 408 aniversario de Rioverde, solo podemos decirle: ¡Gracias por tanto!.
