Por: Don Pericles
En el teatrillo político potosino, siempre hay funciones para todos los gustos: drama, comedia, suspenso y, de vez en cuando, algo de terror administrativo. Esta semana, el escenario fue el exclusivo club La Loma, el actor secundario: un tal Javier N. —presunto proveedor estatal— y los protagonistas: el gobernador José Ricardo Gallardo Cardona y su siempre bien peinado secretario general, J. Guadalupe Torres Sánchez.
Todo comenzó con un operativo federal. Sí, de esos que no se avisan, no se presumen y no se agradecen, pero que dejan más preguntas que comunicados. El club La Loma, bastión del bienestar, el spinning y la crema social potosina, se convirtió en tendencia no por sus clases de yoga, sino porque fue sede involuntaria de una incursión de la FGR. ¿Qué se buscaba? ¿Quién fue detenido? ¿De qué se le acusa? Preguntas incómodas. Respuestas, no tantas.
Pero que nadie se alarme, porque según el gobernador, “era un tema doméstico”. Lo dijo así, como quien habla del perro que se orinó en la sala. Un tema doméstico. Así, simple. Porque en San Luis Potosí ya estamos tan acostumbrados a los operativos federales en zonas residenciales, que lo verdaderamente alarmante no es que se detengan a proveedores del Estado, sino que alguien lo publique en esos molestos “portales patito”.
¡Oh, los portales patito! Esa plaga de la posverdad digital que osa informar sin pedir permiso al vocero oficial. Esas páginas no oficiales, esos panfletos malintencionados que se atreven —¡imagínese usted!— a hablar de un supuesto “centro de inteligencia” en Lomas. ¿Cómo se atreven a insinuar que en San Luis existe algo tan sofisticado como inteligencia, y encima que está en Lomas? Por favor. Si ahí con trabajos llega la señal de Telmex.
Gallardo, en su papel favorito de víctima incomprendida, denunció sin rubor que todo es parte de una campaña financiada por el Ayuntamiento capitalino. Porque claro, la capital nada más se la pasa pautando publicaciones para decir que un proveedor fue detenido en un club. No hay baches, no hay inseguridad, no hay crisis hídrica. Lo verdaderamente prioritario es difamar al gobernador con temas domésticos.
Pero qué reconfortante es escuchar a un mandatario decir que no le da miedo hablar. “No nos da miedo decirlo”, dijo Gallardo, con la gallardía que lo caracteriza. Solo faltó que lo dijera montado en un caballo blanco, ondeando una bandera de la libertad de expresión, mientras al fondo sonaba el himno de la democracia. Eso sí, aclaró que no ha querido regular esos molestos medios digitales “para que no se le acuse de censura”. Un héroe moderno. Como si el solo hecho de pensarlo no fuera ya un indicio preocupante.
Y claro, cuando se le preguntó si Javier N. —sí, el mismo detenido en La Loma— estaba en el padrón de proveedores del Gobierno, el gobernador hizo gala de su habilidad de deslinde olímpico:
—“Eso lo tiene que ver el secretario. No sé ni quién es la persona.”
Por supuesto, cómo va a saberlo. No podemos esperar que un gobernador sepa quién le vende cosas al Gobierno. Faltaba más. Ya sería demasiado exigirle que sepa a quién le paga el dinero público. ¿Qué sigue? ¿Que revise contratos? ¿Que le importe la transparencia? ¡Por favor! Eso es para los godínez de la Auditoría.
Lo cierto es que, entre líneas, lo que se está diciendo es aún más grave que el silencio. Porque si todo es tan doméstico y tan absurdo, ¿por qué tanta molestia con los medios? ¿Por qué tanto énfasis en que son patito, panfletarios, financiados? ¿No sería más fácil simplemente aclarar si el señor estaba o no en el padrón de proveedores? ¿O es que, como buen tema doméstico, se barre debajo de la alfombra y ya?
A este paso, lo más probable es que la próxima rueda de prensa venga con una escoba incluida.
Así que aquí seguimos, entre los rumores de centros de inteligencia en gimnasios y los discursos de inteligencia emocional en ruedas de prensa. En un estado donde lo importante no es la corrupción, ni la colusión, ni la confusión… sino quién se atrevió a decirlo primero en Facebook.
San Luis Potosí, tierra de portales patito, gobiernos que no se enteran y operativos domésticos en clubes privados. Ya solo falta que nos pidan no grabar las funciones… que esto, señores, es teatro del bueno.
