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Gerardo Sánchez Zumaya: el huasteco que ya se probó el traje de gobernador

El Oráculo

Por: Esteban Espinoza

Hay entrevistas que sirven para rellenar la agenda mediática… y hay otras que revelan más de lo que el propio entrevistado quisiera. La charla que Omar Niño sostuvo con Gerardo Sánchez Zumaya pertenece a la segunda categoría: ahí no vimos al empresario bravucón ni al huasteco de discursos arrebatados, sino a un personaje que, sin decirlo de frente, ya se probó el traje de candidato a gobernador y lo porta con comodidad.

Porque ojo, ahora sí se le nota: Zumaya quiere ser gobernador. Y no lo disimula.

Lo vimos mesurado, conciliador, casi como si hubiera tomado un curso exprés de diplomacia política. Y, lo más curioso, dispuesto a abonar a Morena, siempre y cuando ese camino vaya sin el lastre del Partido Verde. Esa es, quizás, la frase más significativa: “sí a Morena, pero no con el Verde”. Quien quiera entender, que entienda.

En el espejo de la entrevista apareció un Gerardo empresario, conocedor de la administración y las finanzas, hablando de fundaciones, medicamentos, educación y hasta de dializadores. Se movió como pez en el agua en los temas técnicos, pero sobre todo dejó entrever que trae línea: no de la Huasteca, no local… de Morena nacional, donde, todo parece, ya le dieron la venia para arrancar una campaña seria. Y en política, nada es casualidad.

¿A poco alguien cree que tanta prudencia y tanta sonrisa conciliadora son espontáneas? No, señores. Este es un Gerardo jugando bien sus cartas, calculando cada palabra, evitando pleitos estériles y apostando a una narrativa de “unidad”. Esa misma narrativa que, casualmente, a Morena le urge reforzar en San Luis Potosí, en donde luego, sus propios enemigos, son los Morenistas que quieren volver a secuestrar el partido para seguir en pegados a una diputación plurinominal, porque son incapaces de medirse en tierra.

En su intervención, Zumaya habló de lo que duele: la delincuencia como cáncer, la educación como quimioterapia, el respeto a la capital como corazón del estado. Pero más allá del discurso, lo verdaderamente importante es que ya lo dijo claro: “Sí quiero ser gobernador en 2027”.
No como capricho, asegura, sino como proyecto. Y lo dijo con tal firmeza que más que una aspiración sonó a declaración de arranque.

Eso sí, fiel a la moda de la “nueva política”, aclaró que no está obsesionado con el cargo, que si hay alguien mejor evaluado dará un paso atrás. Palabras bonitas, sí… pero ¿quién, en la historia reciente, ha dicho “quiero ser gobernador, pero si alguien mejor viene yo me hago a un lado”? Esa frase hay que leerla como lo que es: un movimiento táctico. Suena humilde, pero huele a estrategia.

Zumaya juega a dos tiempos: se muestra como un ciudadano empresario que quiere servir, pero también como un político que ya entendió que los pleitos desgastan y que la disciplina hacia el centro (léase Morena nacional) paga dividendos. Lo dijo entre líneas: los enfrentamientos hoy son estériles.

En conclusión, lo que vimos en la entrevista no fue a un invitado más, sino a un precandidato disciplinado, con discurso afinado y la bendición de arriba. El huasteco está listo para el 2027. Y quién aún lo dude, que vuelva a ver la entrevista: ahí no habló un filántropo… habló alguien que ya se mira despachando en Palacio de Gobierno.
San Luis tiene nuevo jugador en la cancha, y ya no es aquel Gerardo bronco y desparpajado. Ahora es un huasteco con sonrisa medida, discurso redondo y la mirada fija en la gubernatura; si Morena venía jugando con una sola posibilidad real en el tablero, Rosa Icela Rodríguez; hoy suma dos, con la claridad que necesitan las y los potosinos para jugar en serio en el 2027.