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De pozos envenenados a pilas desechables: la ingeniería política de Gallardo

Por: Pericles

Hay decisiones de gobierno que sorprenden por su audacia, otras por su absurdo… y las de Ricardo Gallardo por ambas. El gobernador de San Luis Potosí parece haberse obsesionado con una afición poco convencional: coleccionar municipios como si fueran estampitas del álbum Panini. Primero fue la Delegación de Pozos, convertida a empujones en un municipio que hoy vive entre la precariedad administrativa y el desorden financiero. Y ahora va por La Pila, sin importar que la Constitución, las leyes aplicables y el sentido común digan lo contrario. Pero, claro, ¿cuándo han sido esas nimiedades un freno para la maquinaria gallardista?

La Pila no cumple con los requisitos para convertirse en municipio. Ni en población, ni en infraestructura, ni en capacidad de sostener servicios básicos. Eso lo sabe cualquiera que haya abierto la Constitución local o que haya manejado cinco minutos por la delegación. Pero la obsesión es caprichosa: si Pozos se hizo municipio a fuerza de voluntad política (y un poco de bisturí legislativo), ¿por qué no repetir la fórmula? Gallardo lo tiene claro: la ley es un estorbo, un trámite molesto que se brinca con la misma facilidad con la que se pasa un tope sin frenar.

La oposición, en su papel: espectadores con butaca numerada

Uno pensaría que, ante semejante atropello, la oposición se levantaría en armas, tomaría la tribuna y se aferraría a la Constitución como náufrago a su tabla de salvación. Pero no: lo que hemos visto es la clásica tibieza que ya se volvió marca registrada. Unas declaraciones lánguidas, un par de entrevistas en radio con tono de “pues ni modo”, y luego silencio sepulcral. Como si estuvieran esperando que el gobernador los invite al bautizo del nuevo municipio para salir en la foto.

La oposición en San Luis se comporta como aquel amigo que va contigo al casino y, mientras tú pierdes hasta la camisa, él solo se limita a comentar: “Pues así es el juego”. La democracia local arde en llamas, y ellos toman asiento para ver el espectáculo.

Galindo: el alcalde del silencio

Pero el caso más digno de estudio es el del alcalde Enrique Galindo. San Luis ya perdió la Delegación de Pozos, y ahora está a punto de perder La Pila. Uno pensaría que el presidente municipal saldría a defender con uñas y dientes el territorio de la capital. Pero lo que hemos visto es un silencio que duele más que la derrota. Galindo parece practicar una estrategia de defensa pasiva: agacha la cabeza, espera que pase la tormenta y, mientras tanto, sonríe para la foto con el gobernador.

El problema es que esa estrategia lo está dejando como el alcalde que deja que le arrebaten pedazo tras pedazo de ciudad, sin siquiera presentar una batalla digna. Y ojo: no es poca cosa. Cada delegación convertida en municipio significa menos territorio, menos recursos y menos capacidad de gestión para la capital. Pero Galindo prefiere hacerse el que no vio nada, como cuando te roban el estacionamiento en el súper y finges que ibas al cajero.

Pozos: el espejo roto en el que no queremos vernos

Si alguien quiere saber cómo terminará La Pila como municipio, basta con mirar hacia Pozos. A menos de dos años de su “independencia administrativa”, Pozos es un municipio sin pies ni cabeza: carece de servicios básicos, enfrenta problemas financieros serios y sus habitantes siguen padeciendo las mismas carencias de antes, pero ahora con un ayuntamiento improvisado que no sabe si cobrar predial o pedir prestado para las lámparas del alumbrado.

Y, sin embargo, el gobernador insiste en repetir la fórmula. Como si no hubiera bastado un fracaso, como si fuera necesario coleccionar dos para armar la comparsa. Si algo caracteriza al gallardismo es esa capacidad de convertir problemas en “logros históricos”, aunque la realidad grite lo contrario.

¿Y la Constitución? Bien, gracias

La Constitución de San Luis Potosí establece requisitos claros para constituir un municipio: número mínimo de habitantes, capacidad financiera, infraestructura básica. Todo eso, La Pila lo incumple con la misma precisión con la que Pozos lo incumplía. Pero a estas alturas, la Carta Magna parece más un adorno de biblioteca que un marco jurídico. El gobernador ya nos demostró que, cuando se trata de sus proyectos políticos, la ley no es límite, es obstáculo. Y los obstáculos están para saltarse.

La Pila será municipio no porque pueda, sino porque Gallardo quiere. Y punto.

Conclusión: el mapa mutilado de San Luis

Lo que estamos presenciando no es un acto de descentralización democrática ni un avance en la representación ciudadana. Es un despojo disfrazado de modernidad política. La capital pierde delegaciones, pierde recursos y pierde identidad. La oposición finge que protesta, pero en realidad bosteza. Y el alcalde de San Luis, en lugar de defender a su ciudad, parece más preocupado por no incomodar al gobernador que por cumplir con su mandato.

Así, San Luis Potosí se convierte en un laboratorio donde los municipios nacen no de la ley ni de la necesidad social, sino del capricho político. Y, mientras tanto, la ciudadanía observa cómo su mapa se achica y su gobierno se diluye.
Y la única senadora de oposición y presidenta de lo que queda del PAN prefiere gastar energía organizando cascaras de fut y platicas del maltrato animal que tomar la bandera de oposición y fijar posicionamiento firmes, pero la valiente senadora, prefiere mandar a su secretario general y otros secretarios que avientan golpes pero no tienen el tamaño.
Pozos ya es un municipio desbordado de problemas. La Pila está en camino de repetir la historia. Y Galindo, bueno… Galindo solo sigue contando los días, esperando que alguien le recuerde que aún es alcalde de lo que queda de la capital.