Esteban Espinoza / San Luis Potosí
La tan anunciada Vía Alterna a la Zona Industrial arrancó su primera etapa dejando más dudas que certezas: un sobrecosto de más del 25% respecto a lo prometido y un puente atirantado que, pese a la inauguración, sigue sin iluminación.
Lo que en un inicio se presentó como un proyecto de 521 millones de pesos, terminó costando alrededor de 700 millones, de acuerdo con el propio gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Es decir, más de 180 millones extra que se justifican, según el mandatario, en “reparaciones adicionales” por daños en la carpeta asfáltica de la primera etapa hecha por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
“Se empezó a dañar la carpeta, se tuvo que volver a rehabilitar toda porque no se podía abrir como estaba”, admitió Gallardo, tratando de explicar un encarecimiento que supera con creces lo anunciado al inicio del proyecto.
Además del incremento en el presupuesto, la obra se entregó con pendientes evidentes: el puente atirantado —pieza central de la Vía Alterna— no cuenta con el cableado conectado para el alumbrado, lo que deja a oscuras una de las estructuras más visibles y costosas.
El gobierno estatal presume la ampliación del eje 122 de un carril a cuatro y la incorporación de la prolongación Salk de 5.7 kilómetros como desfogue hacia la Zona Industrial. Sin embargo, la realidad es que la inauguración se adelantó sin cumplir del todo con lo prometido: una vía funcional, segura y terminada.
Este tramo apenas corresponde a la primera fase del proyecto, que supuestamente continuará hasta el eje 140, y los ciudadanos y empresarios esperan que aún inflen más los costos de la obra.
