El Oráculo
por: Esteban Espinoza
Hay actores de teatro, actores de cine… y luego está Óscar Bautista Villegas, el diputado federal del Partido Verde que, cada vez que huele una cámara o un micrófono, activa su modo protagónico como si estuviera disputando un Ariel.
Esta semana, en plena manifestación de productores de la Zona Media, no perdió la oportunidad de subirse al escenario. Llegó decidido a robar cámara… aunque, siendo honestos, lo de “robar” es algo que domina desde hace décadas.
Para quienes tienen memoria larga (y para quienes no, aquí el recordatorio), Bautista no se hizo famoso por sus dotes legislativas ni por su sensibilidad social. No. Su entrada triunfal a la vida pública de Rioverde y Cerritos fue gracias al escándalo de los tractores robados a campesinos, un episodio digno de telenovela rural, pero sin final feliz.
Desde ahí, todo fue cuesta arriba… pero hacia el lado equivocado. Pasaron los años y Bautista amplió su currículo.
Saltó a la fama estatal por otro episodio: el desvío de proyectos productivos destinados a campesinos de la Zona Media, siempre muy sonriente en las fotos, como si no hubiera dejado a cientos de familias colgadas con promesas que jamás cumplieron.
Después llegó su papel estelar: la “Ecuación Corrupta”, un escándalo nacional que lo exhibió como uno de los principales operadores del saqueo a presidentes municipales, a cambio de limpiarles sus cuentas públicas; las mismas cuentas que él y su camarilla ensuciaban para poder extorsionarlos después.
Y, por si faltara algo, el público potosino aún recuerda que fue parte central de la llamada Herencia Maldita, ese grupo político que convirtió la corrupción en rutina.
Pero Bautista es Bautista. La vergüenza nunca le ha hecho mella; él siempre reaparece, siempre sonríe, siempre se acomoda. Porque para eso también es hábil.
Hoy no solo está de vuelta… está protegido, arropado y bien alimentado bajo las alas del Partido Verde en San Luis Potosí. Presume cercanía con el gobernador Ricardo Gallardo Cardona y con su padre, Ricardo Gallardo Juárez, diputado federal. Fotos, abrazos, videos, saludos, y él adelante, siempre adelante, como si fuera indispensable. Porque el que no enseña, no vende. Y Óscar Bautista siempre está vendiendo algo.
Y así llegamos al episodio reciente: Los productores están desesperados por la crisis del agua, hartos de la desinformación y abandonados por quienes deberían representarlos.
¿Y qué hace Bautista?
Aparece en la protesta como protagonista, moviendo los brazos, levantando la voz, ensayando sus gestos frente a los celulares. Se notaba que traía preparado el numerito.
Pero la realidad es otra:
Si Bautista realmente quisiera ayudar a los campesinos, ya lo hubiera hecho.
No necesitaba aparecer en un mitin para simular empatía. El momento verdadero de demostrar compromiso fue cuando la presidenta Claudia Sheinbaum presentó la iniciativa de la Ley General de Aguas. Ahí cualquier legislador comprometido con el campo habría levantado la voz, habría convocado a productores, habría informado, habría exigido ajustes.
Bautista no dijo nada.
Guardó silencio.
Dejó que pasara.
Y si de apoyos se trata, su silencio ha sido aún más prolongado:
los campesinos potosinos llevan más de cuatro años sin recibir apoyos reales del Gobierno del Estado, y Bautista jamás ha exigido que el gobernador cumpla. Nunca pidió recursos, nunca presionó, nunca defendió al campo potosino. Pero eso sí: cuando ve una cámara… aparece.
Su performance de esta semana no convenció a los campesinos.
No le creyó nadie.
Y estuvo muy cerca de provocar que no levantaran el plantón en las carreteras federales, porque su sola presencia encendió todas las sospechas.
Es que la gente ya se la sabe:
Un Bautista en escena significa que algo quiere… y nunca es bueno para el pueblo.
Lo más grave —y aquí ya sin ironía— es que como integrante de la Comisión de Recursos Hidráulicos en el Congreso federal, Bautista tenía la obligación de: Informar a los agricultores sobre la nueva Ley General de Aguas; Convocar a los tenedores de pozos; Explicarles riesgos, alcances y beneficios; Escuchar sus inquietudes antes de que la ley avanzara.
Pero el diputado no hizo nada; ¡Nada!. Solo dejó que la gente se enterara tarde, se desesperara y terminara cerrando carreteras. Mientras tanto, él aprovechó la crisis para montarse en la protesta como si fuera suya.
Sí, Bautista tiene aliados dentro del movimiento campesino: amigos de antaño, beneficiados, operadores fieles. Pero eso no cambia el fondo:
La mayoría de los campesinos NO le creen.
Y confiar en él sería un error que la Zona Media pagaría muy caro.
La aparición del diputado reactivó todo:
- Los testimonios sobre proyectos productivos desaparecidos.
- Las denuncias sobre granjas porcinas fantasma.
- Las viviendas prometidas que nunca llegaron.
- Y, por supuesto, los señalamientos sobre presión y chantaje político.
Bautista siempre se mueve en esa línea gris donde los rumores no se confirman… pero nunca desaparecen. Y siempre regresa justo cuando él quiere pasar como héroe.
Hoy el campo potosino está molesto, informado y cansado de los mismos personajes que lucran con el agua, con el presupuesto y con la necesidad de la gente.
Los mensajes de los campesinos lo dicen todo: “No queremos políticos que lucren con el agua”, “Basta de usar al campo como negocio“, “No más gestores que solo vienen por presupuesto“, “Agua para el productor, no para el político.”
Y sí: todos esos dardos llevan nombre y apellido.
