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EL ORÁCULO

Cuando la vida política “pendía de un hilo”… pero el hilo era el 2027

POR: Esteban Espinoza

En San Luis Potosí se montó una tragicomedia digna de aplauso… si no fuera porque ofende la inteligencia pública. Todos los funcionarios del régimen, desde secretarios hasta legisladores dóciles, salieron en defensa de la llamada Ley Gobernadora como si en ello les fuera la vida. Y no exagero: sí les iba la vida, pero no la democrática ni la institucional, sino la política. Esa ley era la cerradura perfecta para blindar el camino, para cerrar el paso a otros actores y allanarle el terreno a una senadora en específico.

El entusiasmo no era gratuito. Se defendió la ley con uñas, dientes, comunicados, arengas, linchamientos digitales y hasta con camionetas de un costo superior a los 500 mil pesos. Quien dudara era misógino, traidor o enemigo del pueblo. Así operó la maquinaria: no hubo matices, no hubo debate, no hubo conciencia, sólo obediencia.

Y de pronto… el veto.

El mismo gobernador que aplaudía, que celebraba, que advertía castigos electorales a quienes se opusieran, hoy se presenta como estadista reflexivo, como salvador del Estado y casi de la República. Pretenden vendernos que apenas se dio cuenta de que la ley tenía problemas, que era inconstitucional, que faltó análisis. Creen que la gente es tonta, que comulga con ruedas de molino.

En San Luis Potosí nadie medianamente informado se traga el cuento de que el Ceepac y el Congreso actúan por generación espontánea. La iniciativa caminó porque así se ordenó desde Palacio. Punto. Y si hubo votos en contra o reservas, fue a pesar de presiones, amenazas y prebendas. Hace menos de dos meses el veto era impensable; hoy es una realidad incómoda que desnuda la improvisación y el miedo.

Mientras el gobernador y el Verde pierden el tiempo peleando con todo mundo, desgastándose en redes sociales, atacando periodistas, críticos y hasta aliados circunstanciales, hay otros actores que se están fortaleciendo. La política no perdona el vacío.

Y ahí está un dato que incomoda al oficialismo y hasta algunos personajes impresentables en Morena: el nombre de Rita Ozalia Rodríguez Velázquez empieza a crecer en la percepción ciudadana. No por escándalos, no por pleitos, sino por presencia, por trabajo y por claridad política.

Porque en San Luis Potosí, digámoslo sin rodeos, no hay oposición real al Verde, salvo Morena. Así lo han demostrado en el Congreso del Estado, donde no votan a contentillo del Ejecutivo, a diferencia del PRIAN o de Movimiento Ciudadano, que parecen más comparsa que contrapeso. Y en territorio, la realidad es contundente: sólo Morena se ve, sólo Morena camina, sólo Morena organiza.

Parece que la carrera por el 2027 aún no empieza para algunos. O peor aún: ya se dieron por vencidos, confiados en arreglos que creen les alcanzarán para sobrevivir políticamente. La historia reciente demuestra que esos cálculos suelen salir caros, porque quienes están perdiendo a falta de una oposición fuerte, son los ciudadanos, y parece que PAN y MC no lo alcanzan a entender, o no lo quieren entender.

El veto a la Ley Gobernadora no es un triunfo político; es una señal de debilidad, de contradicción y de desgaste. En política, como bien dice la máxima, lo que parece, es. Y hoy lo que parece es un gobierno que se desdice, un proyecto que se enreda en sus propias trampas y una oposición que, silenciosamente, empieza a crecer mientras otros gritan.

La política no tendría por qué ser un pantano de embustes. Pero cuando se gobierna creyendo que nadie entiende, el pantano termina tragándose a sus propios arquitectos.