Por: Esteban Espinoza
La asamblea de Morena en Rioverde, encabezada por Rita Ozalia Rodríguez Velázquez, dejó algo más que un evento partidista: dejó señales claras, mensajes entre líneas y un escenario que comienza a tomar forma rumbo al 2027.
Porque aunque el discurso oficial habló de organización y territorio, en el fondo se empezó a dibujar el nombre que podría encabezar el proyecto: Leobardo Guerrero Aguilar.
El “charro rioverdense” no es un improvisado. Sabe el terreno que pisa, conoce los riesgos y, sobre todo, entiende que el camino no será sencillo. Pero también sabe que hoy compite con una marca que pesa, que arrastra y que puede convertir el llamado “paso de la muerte” en una victoria electoral.
Y es que en Rioverde no se juega solo una elección… se juega el miedo contra la esperanza.
Un municipio donde muchos prefieren callar antes que ser señalados, donde empresarios piden anonimato por temor a represalias, donde el poder se ejerce —según denuncian— desde la presión, la amenaza y el control.
En ese escenario, la presencia de Rita Ozalia se convierte en la esperanza de Rioverde.
La dirigente no solo llegó como presidenta de Morena, sino como una figura que empieza a consolidarse con fuerza en el estado, no es casualidad que ya se maneje como posible candidata a la gubernatura. Escuchó, dialogó y, sobre todo, dejó claro que no son tiempos de tibieza. A quienes le hablaron desde la discreción, les respondió con un mensaje directo: no están solos.
Y ese mensaje pesó.
Porque más allá de la política, lo que algunos sectores encontraron fue a una interlocutora, a una aliada, a una mujer que entiende el momento que vive Rioverde y que, desde su posición, puede abrir puertas incluso en el ámbito federal.
Los resultados de su gira fueron positivos, especialmente en sectores que tradicionalmente se mantenían alejados o en silencio.
Pero Morena tiene tarea.
Porque si algo dejó claro Leobardo Guerrero en su intervención, es que esto apenas comienza. Que no basta con eventos ni discursos: se necesita territorio, casa por casa, organización real.
En la misma línea, el diputado José Roberto García Castillo puso sobre la mesa lo esencial: lo que está en juego no es un partido, es el futuro de Rioverde.
Y ahí es donde el diagnóstico se vuelve más crudo.
Un centro histórico deteriorado, comercio desbordado sin control, basura, olores, obras costosas y cuestionadas, inseguridad creciente, desapariciones… y un ambiente donde el miedo parece formar parte de la vida cotidiana de los rioverdenses.
Un gobierno municipal que, lejos de generar respeto, es señalado por gobernar desde la intimidación.
En ese contexto, Morena ve una oportunidad… pero también un riesgo.
Porque si Leobardo Guerrero es hoy el camino más claro, también es un perfil expuesto. No es la primera vez que enfrenta situaciones delicadas, y su historia reciente lo confirma.
Por eso, dentro del propio movimiento ya se habla de algo más que estrategia política: se habla de protección.
Porque no basta con tener candidato… hay que garantizar que llegue.
Rioverde no será una elección cualquiera.
Será una batalla compleja, de alto riesgo, donde Morena puede ganar la alcaldía, pero solo si entiende la dimensión del reto y actúa en consecuencia.
Porque allá afuera hay miles de rioverdenses cansados.
Cansados del miedo.
Cansados del abuso.
Cansados de una política que no les devuelve tranquilidad.
Y cuando el hartazgo se convierte en decisión… los escenarios cambian.
