San Luis Potosí, S.L.P.– En medio de un escenario político marcado por la definición de candidaturas y alianzas, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en San Luis Potosí ha desatado polémica al intentar vincular el combate al nepotismo con un supuesto agravio a la agenda de género.
El dirigente estatal del partido, Ignacio Segura Morquecho, lanzó críticas a través de redes sociales contra la postura de Luisa María Alcalde, quien recientemente reiteró un principio que ha cobrado fuerza dentro de su partido: impedir que familiares de gobernantes en funciones accedan a candidaturas, como medida para frenar el nepotismo.
La reacción del líder del PVEM no solo fue desproporcionada, sino que abrió un flanco delicado al intentar encuadrar esta política como una posible vulneración a los derechos de las mujeres. Calificó como “frivolidad y arrogancia” las declaraciones de Alcalde, y cuestionó si excluir perfiles por vínculos familiares podría interpretarse como una forma de discriminación de género.
Sin embargo, esta postura ha sido señalada como una maniobra discursiva que distorsiona el fondo del debate. El combate al nepotismo, lejos de ser un tema de género, responde a una exigencia democrática básica: evitar la concentración del poder en círculos familiares y garantizar condiciones de competencia equitativa.
Especialistas y voces críticas coinciden en que equiparar estas medidas con un ataque a los derechos de las mujeres no solo resulta impreciso, sino también riesgoso, al trivializar una lucha histórica que ha buscado la igualdad sustantiva y la eliminación de violencias estructurales.
El señalamiento cobra mayor relevancia en un contexto donde el PVEM busca mantener espacios de poder en la entidad, en medio de tensiones con su aliado político, Morena, que ha endurecido sus lineamientos internos para evitar prácticas de herencia política.
Para analistas, el discurso de Segura Morquecho refleja más una reacción ante el cierre de puertas a ciertos perfiles que una defensa genuina de la agenda de género. La narrativa, aseguran, parece orientada a reposicionar un debate que en esencia gira en torno a la transparencia, la ética pública y la rendición de cuentas.
La pregunta que queda en el aire es clara: ¿puede el cumplimiento de reglas democráticas considerarse una forma de exclusión? Para muchos, la respuesta es contundente: no. Más bien, se trata de un paso necesario para desmontar prácticas que históricamente han limitado la participación política en condiciones de igualdad.
Mientras tanto, el debate continúa, evidenciando las tensiones entre los intereses partidistas y las exigencias ciudadanas de una política más justa y libre de privilegios heredados.
