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No perdió México el Mundial; el Mundial perdió a México

Por Esteban Espinoza 

Hay derrotas que no se sienten como derrotas.

Ayer terminó el camino de la Selección Mexicana en el Mundial. El marcador dirá que Inglaterra avanzó. Las estadísticas dirán que México quedó eliminado en los octavos de final. Pero quienes vimos el partido sabemos que la historia fue mucho más grande que un resultado.

Durante muchos años nos acostumbramos a exigirle a la Selección. A reclamarle por jugar con miedo, por conformarse, por no competir cuando el escenario era más grande. Esta vez fue distinto.

Esta vez vimos a un grupo de futbolistas que decidió creer. Que salió a pelear cada balón como si representara a millones de personas. Que nunca bajó los brazos. Que entendió que portar el escudo de México pesa, pero también inspira.

No hubo figuras escondidas. Hubo un equipo.

Jugadores que corrieron hasta el último minuto, que se levantaron después de cada golpe, que hicieron que el mundo volviera a mirar a México con respeto. Porque más allá del talento, demostraron carácter. Y ese, quizá, es el triunfo más importante de todos.

También hay que hablar de la otra selección: la que no usó uniforme.

La de los miles de mexicanos que llenaron los estadios con una bandera sobre los hombros y un nudo en la garganta. La de quienes cruzaron ciudades, fronteras y kilómetros para cantar un “¡México, México!” que hizo vibrar cada tribuna. La de quienes, desde cualquier rincón del país, se reunieron frente a una televisión con la esperanza intacta.

Ellos también jugaron este Mundial.

Y estuvieron a la altura.

Porque cuando el equipo atacaba, el país entero empujaba. Cuando caía un gol, se abrazaban desconocidos. Cuando llegó el silbatazo final, hubo tristeza, sí, pero también orgullo.

Hace mucho tiempo que una eliminación no dejaba esa sensación.

La sensación de que esta generación nos devolvió algo que parecía perdido: la ilusión.

El futbol tiene una extraña manera de medir el éxito. A veces lo reduce a un marcador. Pero hay torneos que cambian la historia aunque no terminen con una copa entre las manos.

Este Mundial nos recordó que México puede competir contra cualquiera cuando juega con valentía, cuando deja el miedo en el vestidor y entiende que el talento necesita ir acompañado del corazón.

Habrá quien recuerde este torneo por el resultado.

Yo prefiero recordarlo por las emociones.

Por las lágrimas de quienes cantaron el Himno Nacional con el alma. Por los niños que volvieron a soñar con vestir algún día la camiseta verde. Por los futbolistas que hicieron que millones de mexicanos recuperaran la fe en su selección.

Hoy el Mundial sigue sin México.

Pero no nos engañemos.

No fue México quien perdió al Mundial.

Fue el Mundial el que perdió a una selección que volvió a enamorar a su gente, y a una afición que, una vez más, demostró que no existe distancia capaz de apagar el amor por estos colores.

Porque los campeones levantan una copa.

Pero hay equipos que logran algo todavía más difícil: levantar el orgullo de todo un país.

Y eso, esta Selección Mexicana, ya lo consiguió.