Por: Don Pericles
¡Ah, San Luis Potosí! Tierra de enchiladas, tunas, gobierno verde y ahora también… de credenciales de elector tan falsas como las promesas de campaña. Porque si algo nos faltaba para estar a la altura del absurdo nacional, era tener adolescentes que no pueden votar, pero sí entrar al antro con documentos “tan bien hechos” que podrían engañar hasta al mismísimo INE (aunque, bueno, eso no parece tan difícil últimamente).
El director de Comercio municipal, José Ángel de la Vega, salió muy serio a decirnos que se han detectado algunas credenciales falsas. Pero no cualquier cosa hecha con engrudo y papel reciclado, no señor. Estas bellezas son casi obras de arte: hologramas, microtextos, texturitas finas… una joya del crimen creativo. Y claro, con eso los jóvenes cruzan la frontera mágica de la mayoría de edad para poder entrar al paraíso terrenal llamado “antro”. Qué bonito todo, ¿no?
El milagro potosino: adolescentes que envejecen al plastificarse
Imaginen el fenómeno: adolescentes que, de la noche a la mañana, se transforman en adultos funcionales… gracias a una credencial falsificada. No necesitan votar, pagar impuestos ni ser responsables de nada, solo mostrar el plástico brillante en la puerta y entrar al club como si el SAT ya los conociera.
Y mientras tanto, los inspectores municipales se rascan la cabeza, los cadeneros levantan las cejas y los empresarios fingen demencia. ¿Qué más da? Nadie ve nada. Total, si no se clausura nada, si no pasa nada, entonces el problema no existe. ¡Qué nivel de eficiencia en la política preventiva! No encontrar el problema es la mejor manera de solucionarlo. ¡Bravo!
¿Quién tiene la culpa? Nadie, porque aquí todos “hacen como que hacen”
Vamos a jugar al clásico juego potosino: ¿de quién es la culpa?
• Del gobierno municipal, por supuesto que no. Ellos ya hicieron lo suyo: dieron una rueda de prensa. ¿Qué más quieren?
• Del INE… pero tampoco. Que ellos hacen credenciales, no milagros. Si alguien las copia, ni modo.
• De los empresarios de la vida nocturna, pero ay pobrecitos, ¿cómo van a adivinar si una credencial es falsa? Bastante tienen con ver que traigas zapatos cerrados.
• De los padres, que no tienen idea de lo que hacen sus hijos porque están ocupados… tal vez falsificando también la boleta de calificaciones.
• Y de los jóvenes, claro, que tienen más acceso a la impresión 3D y el diseño gráfico que a clases de civismo. Pero ¿cómo juzgar su deseo tan natural de bailar reguetón con luces estroboscópicas?
Aquí nadie tiene la culpa porque todos están muy ocupados repartiéndose la irresponsabilidad. Un verdadero caso de estudio de la corresponsabilidad diluida: la culpa se evapora entre dependencias, como la moral después del segundo shot.
Lo que viene: de la pista de baile al campo de batalla electoral
Hoy, el fraude documental sirve para colarse al antro. Mañana, ¿para qué servirá? ¿Para votar antes de los 18? ¿Para comprar alcohol sin restricciones? ¿Para abrir cuentas bancarias falsas o firmar contratos millonarios? Todo es posible cuando el plastificado lo resuelve todo.
Y no se preocupen, que la autoridad ya tiene un plan: “Vamos a estar atentos.” Traducido del burocratés: no vamos a hacer nada, pero vamos a ver cómo se pone la cosa.
Las soluciones, por si alguien quisiera hacer algo (spoiler: no)
Por si algún funcionario o legislador llega a leer esto entre café y selfies, aquí les dejo unas ideas que seguramente ignorarán:
1. Capaciten a los cadeneros, que a veces confunden una credencial con una tarjeta de descuento.
2. Pongan tecnología para validar documentos, en vez de confiar en la visión nocturna del portero.
3. Fiscalicen a los que venden credenciales falsas, en vez de andar hostigando al vendedor ambulante.
4. Campañas para jóvenes, pero no con moralina, sino con datos duros: cárcel, antecedentes penales, prohibición de participar en ciertos procesos. Tal vez eso sí les importe.
5. Protocolos entre autoridades y antros, aunque ya sabemos que juntar a ambos en una mesa es como tratar de mezclar agua y aceite… en pleno apagón.
Conclusión: cuando la identidad es opcional
Lo realmente triste (y sarcástico, claro) es que en este país puedes pasar por adulto con una buena impresión digital, pero no puedes acceder a justicia con una denuncia bien redactada. Lo que debería proteger la identidad se ha convertido en un juguete. Y lo que debería prevenir el fraude se ha convertido en un trámite más para la simulación.
Bienvenidos a la tierra donde la credencial vale más por su holograma que por su legitimidad. Donde ser mayor de edad no es una cuestión de tiempo, sino de diseño gráfico.
Así que, mientras el sistema se rasca la cabeza, los antros se llenan de “adultos prematuros” y los inspectores siguen sin ver nada, lo único real es que el Estado, otra vez, llega tarde a la fiesta. Y lo peor… sin invitación.
Porque en San Luis, hasta la mayoría de edad se falsifica. Pero no pasa nada… hasta que pase, para muestra el antro RICH, o no ?
