Últimas Noticias

“De acordeones, aspiraciones judiciales y otras porquerías”

Por Don Pericles

Por fin, San Luis Potosí logra lo impensable: convertir la elección de magistrados en un episodio digno de “La Rosa de Guadalupe”, con todo y viento celestial. Pero no, aquí no hay redención ni milagros. Lo que hay es un cochinero monumental, un festín de omisiones, impugnaciones, favoritismos y, por supuesto, la ya tradicional apatía ciudadana. Un menú completo del desastre institucional al estilo potosino.

Porque claro, ¿quién quiere participar en una elección judicial donde ya se reparten las sillas como si fueran boletos para un concierto privado? Nadie. Y por eso la participación ciudadana fue tan escuálida que uno empieza a sospechar si los votos se contaron en servilletas de cafetería.

Pero lo mejor vino después. Porque si pensaban que esto no podía oler peor, pues prepárense. Resulta que varios de los magistrados electos no completaron su expediente. Así como lo lee, querido lector. Gente que busca impartir justicia por los próximos nueve años creyó que, por estar de jueces con licencia, no tenían que cumplir con lo mínimo: presentar los documentos requeridos por la convocatoria. Básicamente se presentaron con las manos en los bolsillos y cara de “¿apoco se necesitaba eso?”.

Y entre ellos, la joya de la corona: José Luis Ruiz Contreras, también conocido como el funcionario de los mil cargos y cero rendición de cuentas. Ex secretario de Seguridad, ex fiscal del Estado y ahora, porque el cielo es el límite, magistrado electo. Este personaje, que ya colecciona cargos como si fueran estampitas del mundial, decidió que lo suyo no es solo perseguir delincuentes, sino también aspirar a sentarse en un tribunal de alzada. Todo muy digno… salvo por un pequeño detalle: la Constitución exige que haya pasado un año desde que dejó de ser fiscal para poder aspirar a la magistratura. ¿Y qué creen? Pues no ha pasado ese año.

Pero el hombre estaba tan emocionado por jubilarse con toga y birrete que no dejó que esos molestos detalles legales le estropearan el plan. Después de todo, ¿qué son las normas cuando uno tiene padrino? O bueno, tenía padrino. Porque aquí entra la parte más jugosa del drama: Ricardo Gallardo, el gobernador y jefe absoluto del gallardismo, ese imperio político que funciona como una tienda de autoservicio para sus allegados, ya no lo quiere tanto.

Y es que José Luis, en su paso por la Fiscalía, dejó más pendientes que una telenovela sin final. Expedientes perdidos, investigaciones congeladas, y un tufillo a corrupción que ni con incienso se disimula. Así que ahora su “padrino” lo ve como un problema más que como un activo. Y en una traición digna de Shakespeare versión potosina, todo indica que la impugnación en su contra es la que tiene más probabilidades de prosperar.

Porque hay impugnaciones y hay impugnaciones. Algunas son meros pataleos de quienes no quedaron. Pero la de José Luis está tan bien armada que hasta los mismos operadores del Congreso reconocen, en voz baja, que “esa sí va pa’ fuera”. Dicen que en los pasillos ya se oye el murmullo de que lo van a bajar antes de que caliente la silla. Irónico, ¿no? Después de hacer todo para eternizarse nueve años, puede que no llegue ni al desayuno de bienvenida.

Y mientras tanto, el resto del aparato judicial hace como que no ve, no oye, no huele. Los acordeones de respuestas circulaban descaradamente, los requisitos se aplicaban a conveniencia, y los perfiles verdaderamente aptos fueron desplazados por los “compas” del sistema. Nada nuevo bajo el sol, pero sí cada vez más descarado.

Así que aquí estamos, otra vez, con magistrados electos en duda, con ciudadanos que ya ni se toman la molestia de votar, y con un proceso tan desaseado que hasta los mapaches electorales se avergüenzan. Pero no se preocupen, que esto es San Luis, donde la justicia no es ciega: sólo tuerta y muy bien apadrinada.

¡Aplausos para la democracia judicial! A este paso, lo único que nos falta es que en la próxima elección pidan traer cartulina, lápiz del número dos y sí, acordeón obligatorio. Porque si algo nos ha enseñado este proceso, es que aquí el mérito se imprime en papel reciclado y el acceso al poder se gana con número de WhatsApp, no con credenciales ni currículum.

¡Salud por el cochinero! Y que viva la independencia judicial… en papel.