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El poder de Arnulfo: soberbia, venganza y desacato

EL ORÁCULO

Por: Esteban Espinoza

En Rioverde el poder ya no huele a servicio público, huele a capricho, a berrinche y a soberbia. El alcalde Arnulfo Urbiola Román gobierna como si la presidencia municipal fuera su rancho y los regidores sus peones. Aquí la ley no aplica, porque si alguien osa cuestionarlo, la respuesta es clara: palo, persecución y venganza.

Desde noviembre de 2024, el Tribunal Electoral del Estado (TEE) le puso un estate quieto al Cabildo: una multa de 10 mil 857 pesos a cada edil por negarse a tomar protesta al regidor Salvador López Aguilar. La orden era clarísima: pagas o atente a las consecuencias.

¿Y qué pasó? Pues lo de siempre. De 12 sancionados, solo una regidora, Dalila Castro Hernández, tuvo la decencia —y quizá la vergüenza— de cumplir. El resto, incluido el mismísimo alcalde, prefirió hacerse el occiso y vivir en desacato total.

Arnulfo y su tropa han dejado claro que en Rioverde la ley es letra muerta. Mientras el ciudadano de a pie tiene que pagar impuestos, predial, multas de tránsito y hasta la cooperación de la escuela, el Cabildo se da el lujo de patear una resolución judicial. Y lo hacen con la soberbia de quien se siente blindado, como si detrás hubiera una mano que les cubre las espaldas.

Pero lo más preocupante no es la multa, sino el estilo de gobierno de Urbiola Román. Un estilo de tirano de pueblo, que no tolera la crítica. Al contrario: quien se atreve a señalarlo, quien alza la voz o simplemente no piensa como él, recibe de inmediato la represalia. Y eso ya no es política, es venganza. Venganza de la barata, de la que se ejerce con recursos públicos y desde un escritorio municipal.

Rioverde hoy no tiene un gobierno, tiene un caudillo con complejo de emperador. Ciudadanos intimidados, regidores sometidos, voces críticas perseguidas. El mensaje es claro: aquí no se gobierna, aquí se manda. Y pobre de aquel que no obedezca.

El Tribunal ya advirtió que, de no pagar, el caso pasará al Instituto de Fiscalización Superior del Estado (IFSE). Pero seamos realistas: ¿alguien cree que lo van a tocar? ¿O veremos de nuevo esa complicidad disfrazada de “proceso administrativo”?

Mientras tanto, Urbiola Román no solo colecciona enemigos locales. Ya hasta en los medios nacionales, como Radio Fórmula, lo exhiben por presuntos vínculos con el crimen organizado y por estar en la mira de las autoridades federales. Un alcalde que en los hechos no puede esconder que su gobierno se sostiene más en el miedo que en la confianza ciudadana.