EL ORÁCULO
Por: Esteban Espinoza
Mientras en la Arena Potosí montaban un show con luces, artistas y discursos vacíos para disfrazar la opacidad de un informe de gobierno que no informa, Morena se robó la película en otro escenario. El 22 de septiembre, a la misma hora que Ricardo Gallardo trataba de vendernos su cuarto informe como un logro histórico, Rita Ozalia Rodríguez, presidenta estatal de Morena, afiliaba a Gerardo Sánchez Zumaya. Y no cualquier afiliación: un empresario huasteco que detonó las redes sociales y que fue recibido con aplausos ciudadanos.
El contraste fue brutal. Gallardo, con su clásico tono de víctima que mezcla soberbia con complejo de inferioridad, repetía que no pueden solos, que necesitan tres o cuatro partidos para sobrevivir. PAN, PRI, MC… ¿quién más? ¿El que le rente la franquicia más barata? Porque el Verde Ecologista está que truena con él: la dirigencia nacional ya no oculta su incomodidad ante el pleito abierto contra Morena en San Luis Potosí. Y eso significa que el “gallardismo” podría quedarse sin casa política, dicen que hasta el “Niño Verde”, que le gusta jugar al pragmatismo de estiércol, empieza a ver como un peligro para su franquicia nacional al Gallardismo porque le esta costando espacios con la presidenta Sheinbaum.
Después de la afiliación de Gerardo Sánchez Zumaya, que repito, fue afiliación, “no destape”, sacaron a Nacho Segura, presidente estatal del Verde, para intentar desacreditar al empresario huasteco. El problema es que Segura Morquecho apareció más nervioso que funcionario en auditoría, balbuceando acusaciones sin pruebas y recordando —sin querer— los antecedentes penales de su propio jefe, que por cierto, ya estuvo en la cárcel por delitos graves. Quisieron dar un manotazo y terminaron exhibiendo su miedo.
El simbolismo no pudo ser más claro: mientras Gallardo pagaba un espectáculo artístico para distraer a la gente, Morena le arrebataba la narrativa con un movimiento político fino, de esos que pesan más que diez conciertos de medio pelo. Rita Ozalia no solo afilia ciudadanos, afilia liderazgos en las cuatro zonas del estado. Y eso, guste o no al palacio estatal, reposiciona a Morena como un proyecto solido de la 4T en San Luis Potosí.
El gobernador, en cambio, se enredó en sus propias palabras: dijo que no serán soberbios pero que solos no pueden, que no opina de nadie pero habló de todos, que la unidad salvará a San Luis… pero unidad con cualquiera, menos con Morena, el partido que le ha dado los votos para ganar espacios, pero al que menosprecia, no le cumple acuerdos y maltrata a su militancia. Al final, quedó claro que la “Gallardía” no busca gobernar: busca sobrevivir. Y para eso, necesita alquilar partidos como quien renta inflables para la feria.
El 22 de septiembre nos dejó una lección de política pura: en San Luis, el monopolio de la narrativa ya no lo tiene Gallardo. El gobernador podrá seguir con su circo de alianzas y discursos contradictorios, pero en la memoria de la gente quedará otra imagen: la de un proyecto verde que se marchita por los excesos, mientras Morena parece florecer con nuevos liderazgos.
