Por: Don Pericles
A ver, queridos lectores, pónganse cómodos que hoy traigo un episodio digno del realismo mágico judicial que impera en nuestra querida San Luis Potosí. Resulta que este 3 de noviembre de 2025, mientras los ciudadanos esperaban sentencias, resoluciones, acuerdos y una pizca de justicia, la Tercera Sala del Supremo Tribunal de Justicia del Estado decidió transformarse —por obra y gracia del amor corporativo— en salón de fiestas.
¿El motivo? Pues nada menos que el cumpleaños de la mismísima magistrada Silvia Torres Sánchez, a quien su séquito de fieles empleados —los infaltables lamebotas institucionales— le montaron un banquete de cumpleaños en plena jornada laboral. No en la cafetería, no en la oficina privada, no después del horario… ¡en los pasillos de la propia sala! Una postal digna de mural: togados, con globos, chilaquiles y risas entre los expedientes empolvados que siguen sin resolverse.
Pero claro, no contaban con la astucia de una visitante incómoda: la abogada postulante Natalia Castillo, hija de la combativa Edna Vera, quien —con la puntería digna de reportera de guerra— los cachó in fraganti con la cámara en mano y los exhibió en redes. Y ahí quedó grabado el nuevo método potosino de “desahogo de asuntos”: a cucharadas de frijoles refritos y pastel de fresa.
Porque, a ver, ¿qué clase de justicia tenemos cuando los pasillos del tribunal se convierten en fonda y los magistrados parecen más interesados en el menú del desayuno que en el contenido de las sentencias?
La intocable del Tribunal
Pero antes de que alguien piense que se trata de un simple festejo sin importancia, hay que decirlo con todas sus letras: Silvia Torres no es cualquier magistrada. Su hermano es nada menos que Guadalupe Torres Sánchez, el poderoso secretario general de Gobierno. Y claro, con semejante apellido, ¿quién se atreve a decirle algo? La ley se detiene ante el parentesco.
Así que, mientras los demás funcionarios deben fichar, cumplir metas y evitar que se les note el ocio, en la Tercera Sala se permite el “receso gourmet por cumpleaños de la jefa”. Y si algún mortal osa quejarse, pues ahí está el apellido de acero que garantiza impunidad.
El rezago que se celebra
Dirán algunos: “Pero Don Pericles, ¿qué tiene de malo un desayuno si no hay asuntos pendientes?”. ¡Ah, pero sí los hay, y a montones! El rezago judicial es tan grande que necesitarían una maratón de sentencias para ponerse al día. Pero claro, es más fácil organizar un bufet que organizar la impartición de justicia.
Los pasillos donde deberían escucharse pasos de actuarios y el tecleo de secretarios, hoy resuenan con el chispeante sonido de cubiertos y carcajadas. Mientras tanto, los ciudadanos que esperan justicia ven cómo sus casos duermen el sueño de los justos, entre platos sucios y servilletas arrugadas.
El pastel del poder
No faltará quien diga que exageramos, que todos tienen derecho a celebrar. Y sí, pero no a costa del tiempo público, ni dentro del recinto donde deberían resolverse los problemas de los demás. Porque lo más preocupante no es el festejo, sino lo que simboliza: un Poder Judicial que ha confundido el servicio con el privilegio, y la justicia con la impunidad.
Y ni hablar del poderoso Lupe Torres, el hermano secretario, quien según cuentan las malas lenguas, no sólo mueve los hilos políticos, sino también los jurídicos. El despacho familiar, dicen, no sólo dicta línea, también factura. Así, la justicia se cocina entre café, favores y contratos, mientras los simples mortales seguimos pagando los platos rotos.
Justicia a la potosina
Así se ve la justicia en San Luis Potosí: con moño, pastel y corazoncito en redes. No hay prisa por resolver, porque total, la sentencia puede esperar… pero el desayuno no.
Lo verdaderamente trágico es que ya ni siquiera sorprende. En un estado donde los poderosos se protegen entre sí y los rezagos se esconden bajo manteles largos, lo de hoy es apenas la cereza —o la vela— del pastel.
Así que felicidades, magistrada. Que no le falte el pan ni el fuero. Y que los ciudadanos, los verdaderos invitados ausentes, sigan esperando justicia mientras usted corta el pastel con su cuchillo de impunidad.
Porque, al final del día, en San Luis Potosí la justicia no se sirve fría ni caliente… se sirve con chilaquiles.
