Crónica
Esteban Espinoza
San Luis Potosí vivió este sábado 13 de septiembre una jornada histórica: la presidenta Claudia Sheinbaum rindió su informe de gobierno ante miles de potosinas y potosinos reunidos en el Centro de Convenciones. El evento duró exactamente una hora, pero para el gobernador Ricardo Gallardo Cardona fue, sin duda, la hora más larga… y la más amarga de su vida política.
Desde las cinco de la mañana, los camiones con “invitados especiales” del Partido Verde ya habían descargado a sus pasajeros. A nueve horas del evento, los acarreados ocupaban los lugares destinados a adultos mayores, personas con discapacidad y pueblos originarios.
Los organizadores batallaban, como siempre, para hacer respetar la voluntad presidencial y liberar esos espacios, aguantando mentadas de madre de los ahijados del padrino del Estado.
La tensión se mascaba en el aire. Cuando comenzaron a llegar los maestros, el recinto se volcó: más de 3 mil docentes llenaron el lugar al grito de “¡SNTE, SNTE, SNTE!”. Con lonas en mano, exigieron el pago de la deuda que supera los mil millones de pesos que el gobierno estatal mantiene con ellos.
Gallardo llegó solo. Caminó entre banderas verdes que ondeaban a escondidas —prohibidas en el evento— hasta que los organizadores obligaron a bajarlas porque tapaban la vista de los reporteros.
Primero entró Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación y paisana querida, recibida con aplausos que la hicieron sonrojar. Tres minutos después, apareció Claudia Sheinbaum y el recinto retumbó con el coro de “¡Presidenta, presidenta!”. Era fiesta pura… hasta que se pronunció el nombre de Ricardo Gallardo.
Ahí, la celebración se transformó en tormenta: “¡Fuera, fuera, fuera!”, gritaron los maestros, sepultando su intervención. Ni los piropos a la mandataria lo salvaron. El repudio fue tan claro que el león dormido de la educación potosina parece haber despertado para no volver a acostarse.
Claudia tomó el micrófono, trató de calmar a los docentes y prometió recursos federales para saldar la deuda. Aun así, los maestros siguieron abucheando al gobernador hasta quedarse sin garganta.
En primera fila, Enrique Galindo, alcalde de la capital, sonreía como pez en el agua entre morenistas. A su lado, Rita Ozalia Rodríguez, presidenta estatal de Morena, lo veía intercambiar selfies con sus correligionarios, feliz de su buena acogida pese a su camiseta priista.
El cierre tuvo sabor a mensaje político. Al bajar del escenario, Claudia Sheinbaum se dirigió directo al rector de la UASLP, Alejandro Zermeño. Lo abrazó, le susurró al oído y lo hizo sonreír mientras asentía. Todos entendieron lo mismo: la presidenta hablaba con él sobre pago de los casi 200 millones que el estado le adeuda a la universidad.
De camino a la salida, Sheinbaum se detuvo para una selfie con el alcalde Galindo —ella misma tomó el celular—, mientras el gobernador, con el gesto duro, acumulaba los minutos más amargos de su sexenio. Una hora exacta, pero suficiente para convertirse en la crónica de una derrota política frente a la presidenta, y por lo tanto dolorosa; porque cada visita de la mandataria, recibe quejas del gobernador, pero en esta ocasión, esas quejas casi logran echar abajo su primer informe en tierra tunear.
