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Marcelino Rivera: la maestría de hacer nada… y seguir cobrando

Por: Don Pericles.

En la política potosina hay personajes que, por más que se intente, no pueden pasar inadvertidos… no por sus logros, sino por su capacidad casi artística de convertir cada oportunidad de trabajo en un monumento a la ineficacia. Marcelino Rivera es uno de ellos, sumándole que siendo legislador indígena no los representa.

Sí, el mismo que, como alcalde, terminó con un expediente que olía más a irregularidad administrativa que a honestidad pública. El mismo que fue señalado por mal uso de recursos públicos —porque aquí no decimos “corrupción”, decimos “uso creativo del presupuesto”— y que, en lugar de un castigo, recibió como premio una curul en San Lázaro y, más tarde, otra en el Congreso local.

Porque claro, en San Luis Potosí, la reincidencia no es un delito: es un requisito para la reelección.

Las comunidades hablan… él bosteza

El 3 de julio, en el Barrio de Chacana, más de 400 autoridades tének y náhuatl, con la dignidad de quien defiende derechos históricos, viajaron hasta Tancanhuitz para entregar un documento de alto calibre: criterios de la Suprema Corte, exigencia de no limitar derechos humanos, reforma integral del artículo 2 constitucional, armonización legal, presupuestal e institucional… todo, perfectamente argumentado.

¿A quién se lo dieron? Al “representante” indígena en el Congreso: Marcelino Rivera.

Y como siempre, el guion no defraudó. Escuchó, sonrió, quizá pensó en la hora de la comida, y prometió que “lo revisará en la comisión” para después “informar la ruta de trabajo en próximas fechas”. En el idioma Marcelino: lo guardaremos en una carpeta hasta que se vuelva irrelevante y después diremos que “ya se está trabajando”.

Lo que para las comunidades es una urgencia histórica, para él es un trámite burocrático más.

Historial de servicio… a sí mismo

El paso de Marcelino por la política parece dictado por un manual de supervivencia:
• Como alcalde: mal uso de recursos, observaciones, problemas con la justicia.
• Como legislador federal: producción legislativa digna de un concurso de invisibilidad.
• Como legislador local: más silencios que leyes, más fotos que resultados.

Y ojo, no es que no sepa trabajar. Lo que pasa es que su especialidad es otra: trabajar en su permanencia, no en las causas que dice representar.

Mientras las comunidades exigen leyes que garanticen presupuesto, justicia y consulta previa, él parece más enfocado en conservar el bajo perfil legislativo que lo mantiene lejos de los reflectores… y de la rendición de cuentas.

Del saqueo al letargo

Cuando se tiene el historial de “errores administrativos” que Marcelino acumula, la expectativa lógica sería que intentara redimirse con un trabajo impecable. Pero aquí no. Aquí, la fórmula es diferente: se pasa del presunto saqueo municipal al letargo legislativo sin escalas.

La ironía es que las comunidades tének y náhuatl lo eligieron para ser su voz en el Congreso… y terminaron con un eco tan débil que apenas se escucha.

El futuro de la armonización… en manos de un archivador humano

La reforma al artículo 2 y sus leyes reglamentarias deberían ser un parteaguas en la relación entre el Estado y los pueblos originarios. Pero con Marcelino Rivera como intermediario, el riesgo es alto: que termine convertida en una serie de foros eternos con café tibio, galletas pasadas y comunicados llenos de palabras huecas.

Porque si algo sabe hacer el diputado, es vestir la inacción con el disfraz del “proceso en curso”.

Marcelino Rivera no es un accidente político. No es el caso aislado de un legislador que “salió malo”. Es el patrón repetido de un sistema que premia la simulación, que recicla a políticos con pasados judicialmente cuestionables y que entiende la representación indígena como un accesorio decorativo para las fotos institucionales.

Su paso por la política confirma que, en este estado, el fracaso no se castiga: se reelige. Y mientras la gente siga confundiendo cercanía con compromiso, y discurso con resultados, personajes como él seguirán siendo los custodios del cajón donde se archivan las causas justas.

El problema no es que Marcelino haga poco; el problema es que hace exactamente lo que está diseñado para hacer: nada útil para la gente y todo para sí mismo; eso lo heredó bien de su papá, que solo se han aprovechado de su color y decir que son indígenas pero que no hacen nada por las causas y comunidad indígenas.