El Oráculo
Por: Esteban Espinoza
San Luis Potosí se ha convertido en uno de los estados con mayor número de agresiones contra periodistas. Esto no es una estadística fría: es una advertencia viva de que la libertad de expresión está siendo atacada con violencia, con amenazas, con intimidación disfrazada de accidente, con el poder mal usado por quienes deberían servir al pueblo, no silenciarlo.
La noche del jueves 17 de julio no fue una más. El automóvil de quien escribe estas líneas —Esteban Espinoza Hernández, director general de Zona Potosina— fue impactado con fuerza mientras se encontraba debidamente estacionado frente a mi domicilio en la colonia Infonavit, en Rioverde. Testigos presenciales afirman que no fue un hecho fortuito, sino un acto provocado. Y como si no bastara con eso, minutos después aparecieron tres patrullas municipales, no para perseguir al responsable —quien huyó sin enfrentar consecuencias—, sino para intentar remolcar el vehículo afectado.
¿Quién da la orden? ¿Quién se beneficia del silencio? ¿Por qué las instituciones municipales actúan con mayor rapidez para castigar a la víctima que para buscar justicia?
Gracias a la intervención decidida de mis vecinos, esa injusticia no se concretó. Pero el mensaje está claro: este gobierno municipal, encabezado por Arnulfo Urbiola, se siente incómodo con las voces críticas. Incomoda el periodismo libre, incomoda la denuncia ciudadana, incomoda la verdad.
Desde este medio, Zona Potosina, estamos presentando las denuncias correspondientes. No solo ante una Fiscalía General del Estado que ha demostrado estar de rodillas ante el poder del Partido Verde, sino también ante instancias nacionales e independientes: la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Comisión Nacional de Protección a Periodistas y la Fiscalía General de la República. Porque no confiamos en quienes actúan más como protectores del poder que como defensores de la justicia.
Sabemos que esto no es un caso aislado. Hay comerciantes hostigados, ciudadanos amenazados, voces perseguidas. Y todos tienen algo en común: están hartos. Hartos de un gobierno municipal que ha convertido el poder en un arma contra su propia gente. Hartos de que se les castigue por hablar, por protestar, por señalar lo que está mal.
Por eso hoy lo decimos claro: no nos van a callar. No con amenazas, no con ataques, no con intentos cobardes de intimidación. Seguiremos siendo un canal de comunicación con la ciudadanía. Seguiremos diciendo las cosas como son. Porque en tiempos de miedo, decir la verdad es un acto de valentía, y nosotros elegimos no tener miedo.
El periodismo no es un delito. La crítica no es un enemigo. El silencio, sí.
Y en Zona Potosina, no vamos a ser cómplices del silencio.
