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Rioverde: una tierra secuestrada por el poder del Verde

EL ORÁCULO

Por: Esteban Espinoza Hernández

Lo que está ocurriendo en Rioverde, San Luis Potosí, es una muestra brutal del abuso de poder, del autoritarismo más bajo y de una política podrida que ha convertido el ejercicio de gobierno en una maquinaria de represión. El alcalde Arnulfo Urbiola Román no gobierna: oprime. No dirige una administración pública: encabeza una vendetta personal contra quienes se atreven a cuestionarlo.

Y lo decimos con todas sus letras: este alcalde actúa como un jefe de plaza, no como un servidor público. Usa a Protección Civil y a sus inspectores como sicarios administrativos. ¿Su misión? Intimidar, amenazar y clausurar los negocios de quienes simplemente ejercen su derecho a opinar. Así le ocurrió a Martín “Charqueño” Rodríguez, un ciudadano que cometió el “delito” de hacer un comentario en redes sociales, pidiendo a los rioverdenses que no regalen dinero a los integrantes de los anexos, después de que intentaron “levantar” a Leobardo Guerrero, ex candidato a la alcaldía, por instrucciones del Edil. ¿El castigo? El cierre arbitrario de su fábrica de lácteos, donde trabajaban familias honestas que hoy se quedaron sin empleo y sin sustento.

¿Y el Gobierno del Estado? ¿Qué hace el gobernador Ricardo Gallardo Cardona ante este atropello? Nada. El silencio del gobernador no es neutralidad: es complicidad. Arnulfo Urbiola no actúa solo: está protegido por el Partido Verde Ecologista, el mismo que ha hecho del poder público una red de impunidad, corrupción y persecución.

Esto no es un caso aislado. Es un método sistemático de control: ayer fueron comerciantes que alzaron la voz, hoy es Martín Charqueño, y mañana puede ser tu negocio, tu familia, tu libertad. Si seguimos callados, si bajamos la cabeza, les estaremos regalando el derecho de pisotearnos.

Hoy, a Rioverde lo gobierna el miedo, pero sólo si dejamos que el miedo nos gobierne a nosotros. La sociedad debe despertar. Tenemos que hablar, organizarnos, denunciar y alzar la voz. No podemos permitir que un alcalde déspota y cobarde, respaldado por un gobierno estatal omiso y un partido político podrido, sigan usando el poder como si fuera una pistola apuntando a la frente de los ciudadanos.

¡Basta de abusos! ¡Basta de represión!


Urbiola, Gallardo y el Verde creen que el pueblo es tonto y sumiso. Pero se equivocan. Rioverde no tiene dueño. Y aunque tengamos que esperar hasta 2027, el pueblo sabrá castigar con el voto a quienes hoy se burlan de su dignidad, como ya lo demostró en la elección pasada que ellos mismos se robaron.

Pero el pueblo no olvida. Y cuando despierte con fuerza, ni Urbiola, ni Gallardo, ni el Verde podrán detener la voz de una ciudadanía cansada de ser pisoteada. Porque Rioverde no se rinde. Rioverde resiste. Y Rioverde va a recuperar su dignidad.

Y una prueba de que el poder, cuando no tiene límites ni escrutinio, se convierte en amenaza, es lo ocurrido el fin de semana en el antro “La Sala del Despecho”, un antro ubicado en la Torre Tangente, en Plaza San Luis. Ahí se registró un ataque armado, luego de un pleito al interior del establecimiento. 

Testigos señalan que los involucrados fueron expulsados del lugar, y al salir, realizaron detonaciones de arma de fuego al aire, provocando momentos de pánico entre los asistentes.

Los agresores huyeron en una camioneta blanca tipo Ford Navigator rumbo al Periférico. Aunque no hubo personas heridas, el hecho generó una fuerte movilización policiaca. ¿Y quién señalan los medios de comunicación y redes sociales como responsable de este acto violento? Al hijo de José Luis Romero Calzada, “Tecmol”, el ahijado político consentido del Partido Verde y del propio gobernador del Estado.

No solo magistrados están a punto de caerse en los tribunales no por no contar con promedio de 8 en su licenciatura, tal y como lo exigió la convocatoria, también hay jueces y juezas que no han cumplido con los requisitos… así que a esta historia de renovación del Poder judicial en el Estado Potosino, todavía le falta mucho por quedar en firme.