Esteban Espinoza / San Luis Potosino
Entre 2014 y 2025, San Luis Potosí acumuló 3 mil 380 diagnósticos de VIH, lo que representa 1.9 por ciento del total nacional contabilizado en ese periodo, de acuerdo con cifras consolidadas. En el mismo lapso, en el país se reportaron 180 mil 319 casos, por lo que la entidad potosina se ubica en un nivel de incidencia intermedia dentro del mapa nacional.
Del total de casos registrados en el estado, 2 mil 898 corresponden a hombres y 482 a mujeres, una proporción que confirma que la mayor carga de la enfermedad sigue concentrándose en la población masculina, una tendencia que se ha mantenido constante a lo largo de los años.
El comportamiento anual de los diagnósticos muestra una trayectoria ascendente durante la segunda mitad de la década pasada. En 2014 se registraron 182 casos; para 2015 la cifra subió a 213, en 2016 a 237, en 2017 a 276, en 2018 a 328 y en 2019 alcanzó 385.
Con la llegada de la pandemia por COVID-19, en 2020 se observó una disminución marcada, al contabilizarse solo 171 nuevos diagnósticos, fenómeno que especialistas han asociado a la reducción de pruebas y servicios médicos durante la emergencia sanitaria.
A partir de 2021, los registros volvieron a incrementarse: ese año se documentaron 211 casos, en 2022 la cifra subió a 388, en 2023 se reportaron 341 y en 2024 se alcanzó el punto más alto del periodo con 419 diagnósticos. Para 2025, el conteo preliminar se ubicó en 229 casos, lo que apunta a una posible estabilización, aunque aún bajo análisis.
En la comparación nacional, San Luis Potosí ocupa el lugar 20 por número acumulado de casos, lejos de las entidades con mayor carga como el Estado de México, la Ciudad de México, Veracruz, Chiapas y Jalisco, que concentran los mayores porcentajes. No obstante, el estado se mantiene por encima de otras entidades con registros significativamente menores, como Durango, Zacatecas y Tlaxcala.
El panorama coloca a la entidad potosina como un territorio de incidencia moderada, con menos del 2 por ciento del total nacional, pero con señales de alerta derivadas del repunte observado tras la pandemia, particularmente el incremento registrado en 2024, lo que subraya la necesidad de reforzar las estrategias de prevención, detección oportuna y atención integral.
