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“San Luis Potosí, la herida que Claudia Sheinbaum no olvida”

EL ORÁCULO

Por: Esteban Espinoza

En su reciente libro Diario de una transición histórica, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo hace una mención que no pasó inadvertida para quienes conocemos de cerca la historia política de San Luis Potosí. La mandataria recuerda el episodio electoral que marcó la ruptura entre Morena y el Partido Verde Ecologista de México, un hecho que ella misma califica como una división que “nos llevó a perder una senaduría”.

No fue una frase casual ni de relleno. En política, las menciones cuentan —y pesan—. Lo ocurrido en San Luis Potosí fue, en efecto, una traición, y el protagonista tiene nombre y apellido: Ricardo Gallardo Cardona.

Durante la elección pasada, Gallardo no solo rompió la alianza con Morena; usó todo el aparato estatal para favorecer a su esposa en la contienda por el Senado, operando con recursos públicos, estructura gubernamental y medios de comunicación financiados con millones de pesos del erario. En esa misma elección, Rita Ozalia Rodríguez Velázquez, presidenta estatal de Morena, fue derrotada precisamente por ese aparato de poder que decía ser “aliado”.

Esa traición fue el punto de partida de casi tres años ya, de hostigamiento sistemático contra Morena, sus delegados, sus legisladores y sus representantes. Cada día, desde los micrófonos, portales y canales de comunicación pagados por el gobierno estatal, se lanzan campañas de difamación y linchamiento mediático contra todo lo que huela a guinda.

Porque Gallardo gobierna con la soberbia del que se cree impune. Usa los medios que le pagan los potosinos para atacar, dividir y desprestigiar al movimiento que le abrió las puertas de la política nacional. Y mientras presume su cercanía con el gobierno federal, en los hechos se comporta como su principal adversario en el estado.

Hoy, al leer el libro de la presidenta, queda claro que San Luis Potosí fue más que una derrota electoral; fue una advertencia sobre los riesgos de confiar en socios sin lealtad. Sheinbaum lo entendió: la división se paga caro, y su memoria política no olvida.

En los últimos días, el mandatario potosino ha mostrado signos de desesperación. Las encuestas nacionales —incluidas las que ha compartido la Presidenta de Morena, Luisa María Alcalde— reflejan que Morena arrasaría en San Luis Potosí rumbo al 2027, mientras que el Verde comienza a desfondarse, víctima de su propio desgaste y del rechazo a la arrogancia del gobernador.

Gallardo responde como sabe: atacando. Cree que lanzando basura contra sus enemigos logrará ocultar los fracasos de su administración, marcada por la inseguridad, el descontento social y la ausencia de resultados reales.

Pero los tiempos cambiaron. La presidenta no ignora lo que pasó en San Luis Potosí, ni olvida que fue ahí donde se gestó una de las traiciones más visibles al proyecto de la Cuarta Transformación.

El mensaje de Sheinbaum, entre líneas, es claro: en 2027 no habrá espacio para la simulación. La unidad será con principios o no será.

Porque Morena no puede volver a tropezar con el mismo “verde” de siempre.