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“Unidad panista: entre sombrerazos, destapes y apuestas perdidas”

Por Don Pericles

Dicen que Don Jorge Romero, el dirigente nacional del PAN, vino a San Luis Potosí a tomarle protesta a Verónica Rodríguez como presidenta estatal del partido. Dicen. Porque lo que vimos no fue una toma de protesta, sino un grotesco acto de simulación que, con toda honestidad, se pareció más al destape anticipado —y algo desesperado— del alcalde viajero Enrique Galindo rumbo al 2027, que a una ceremonia partidista seria. Si eso es lo que el PAN llama institucionalidad, más les valdría imprimirle una guía de “cómo parecer un partido unido sin morir en el intento”.

Y es que en esta tragicomedia política de tercera, los protagonistas no se esforzaron ni tantito en disimular. Galindo, que últimamente pisa San Luis con menos frecuencia que un eclipse solar, apareció con bombo, platillo, dron, luces y más acarreados que votos obtuvo en algunas casillas de la capital. Verónica Rodríguez, por su parte, parecía más una figura decorativa al servicio del proyecto personal de su benefactor, que la dirigente estatal de un partido que, en teoría, busca ganar el estado.

Pero no nos hagamos. En el PAN potosino ya no hay un proyecto político común, sino tres tribus enfrentadas: el minúsculo y cada vez más nostálgico grupo de los hermanos Xavier y David Azuara, cuya influencia se extingue a la misma velocidad que sus apariciones públicas; el bloque galindista, que opera como una maquinaria con recursos y estructura prestados del gobierno municipal (guiño, guiño), y los que no están ni con uno ni con otro… pero que ya tienen medio cuerpo fuera del partido. El PAN ya no los representa, pero tampoco han encontrado a qué partido vender su conciencia. Están en la “resistencia”, también conocida como el limbo político.

La visita de Romero fue lo de siempre: discursos vacíos sobre unidad mientras al fondo se escuchaban los sombrerazos entre azuaristas y galindistas. Hubo entrevistas por separado —porque eso de compartir espacio con el adversario interno ya ni en las fotos—, acusaciones de corrupción contra el diputado Rubén Guajardo (quien sigue en modo “yo no investigo, yo no sanciono, yo solo cobro dieta”), y una palmada del dirigente nacional a todos los involucrados como si no pasara nada.

Y así, entre abrazos forzados, discursos reciclados y miradas asesinas entre grupos, Jorge Romero se regresó a la Ciudad de México. Allá lo esperan sus asesores, sus negocios inmobiliarios, sus redes sociales y su cruzada por una unidad que nomás no cuaja ni con pegamento epóxico.

Eso sí, el dirigente nacional se aventó la joya del día: “Ganamos Durango, ganamos Veracruz… ¡tenemos muchas posibilidades en San Luis Potosí!”. Ojalá que Jorge no apueste su permanencia como dirigente nacional en esa posibilidad, porque ya antes apostó por la ahora presidenta Claudia Sheinbaum diciendo que si él no tenía la razón y estaba diciendo mentiras, renunciaba. Ganó Claudia y lo aclaró en la mañanera al día siguiente. Y Romero sigue tan campante. Al parecer, la palabra en el PAN es como el WiFi en zona rural: inestable, débil y con tendencia a desaparecer cuando más se necesita.

La realidad es que si el PAN en San Luis fuera una empresa, ya estaría en quiebra técnica, con una junta de accionistas dándose hasta con el portafolio, una gerenta comprada por uno de los accionistas y un director general que pasa una vez al año a dar palabras de aliento mientras el edificio arde.

La dirigencia nacional debería dejar de fingir que no pasa nada y voltear a ver que en San Luis el partido ya está entregado a intereses personales. La militancia está huérfana, los cuadros técnicos se fueron o se hartaron, y el electorado panista tradicional se siente más identificado con la nostalgia de los tiempos de Clouthier que con los actuales aspirantes de cartón.

Pero bueno, al menos nos queda claro algo: el PAN potosino sí tiene rumbo… lo malo es que cada grupo va para lados distintos, y todos a bordo de un Titanic que ya ni orquesta tiene. ¿Unidad? Claro, unidad en la simulación, en el reparto de cargos, en las traiciones, y sobre todo, en el autoengaño.

¡Felicidades al PAN por su gran acto de unidad! Nos hicieron reír, nos hicieron llorar… pero sobre todo, nos hicieron perder la esperanza.

A Enrique Galindo, acabó con el PRI y ahora se anda dando prisa para hacer lo propio con lo que queda del PAN.