Por Esteban Espinoza
Nicasio, de “Cacho y sus Ases”, recibió mensajes amenazantes en su teléfono después de una exitosa presentación de versos de rancho, generando preocupación por la libertad de expresión en el gremio cultural.


San Ciro de Acosta , S.L.P.- La celebración del Cuarto Festival del Huapango Arribeño, un evento que exalta la riqueza de la música y la poesía popular, se vio ensombrecida por un grave acto de intimidación en contra de uno de sus más reconocidos exponentes, el trovador Nicasio, líder de la agrupación “Cacho y sus Ases”.
Tras una aclamada actuación en la que, fiel a la tradición, interpretó “versos propios de la topada de rancho”, el artista recibió en su teléfono mensajes de texto con un claro tono amenazante. Su presentación, que generó algarabía y fue aplaudida efusivamente por los presentes, parece haber incomodado a individuos que optaron por la amenaza anónima para expresar su descontento.
Los mensajes, cuyo contenido denota un tono sarcástico y siniestro, decían textualmente: “buenas noches sr Nicasio Nos preocupe luego recibirá noticias de nosotros”, seguido de otro aún más explícito: “buenas noches muy bonita poesía se canto, espero que cante así de bien delante de nosotros MÁS PRONTO DE LO QUE ESPERA SE DARÁ CUENTA DE LO QUE ACABA DE HACER”.
Este acto de intimidación contrasta radicalmente con la naturaleza del arte que Nicasio representa. La “topada de antaño” es una de las tradiciones más auténticas y festivas del huapango arribeño, donde dos poetas o “valoneros”, como se les conoce popularmente, se enfrentan en un duelo de ingenio a través de rimas y décimas improvisadas. Lejos de ser un acto de agresión, este encuentro poético crea un ambiente cálido y de celebración, reminiscente de las escenas icónicas del cine de oro mexicano protagonizadas por Pedro Infante y Jorge Negrete.
La trayectoria del señor Nicasio es ampliamente reconocida no solo a nivel local y regional, sino que ha traspasado fronteras, llevando consigo la esencia de estas tradiciones. Su agrupación es considerada una de las mejores en el cartel huapanguero, con un profundo arraigo entre la sociedad y su gente.
El incidente ha generado una ola de preocupación en la comunidad artística y cultural, que ve en estas amenazas un intento por coartar la libertad de expresión y silenciar una de las manifestaciones más genuinas del folclore. La “topada” ha sido históricamente un espacio para la crítica social, el humor y el ingenio popular, y este ataque directo a uno de sus maestros representa un ataque a la tradición misma.
Hasta el momento se desconoce si el artista ha interpuesto una denuncia formal ante las autoridades. Sin embargo, el hecho ensombrece la fiesta popular y plantea una dolorosa pregunta sobre la seguridad y la libertad con la que los artistas pueden ejercer su oficio en tiempos donde la violencia busca imponer el silencio.
