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Las patrullas del alcalde y la seguridad de los demás

Esteban Espinoza / Rioverde SLP

Hay respuestas que explican más de un gobernante que cualquier discurso preparado.

La entrevista que los periodistas de Ciudad Valles realizó al alcalde de Rioverde, Arnulfo Urbiola Román, durante su visita a Ciudad Valles dejó una imagen difícil de ignorar: un presidente municipal cuestionado por trasladarse acompañado de patrullas blindadas y visiblemente incómodo ante una pregunta bastante sencilla: ¿por qué necesita esos vehículos policiales para sus traslados?

Urbiola asegura que no son escoltas. Dice que son sus “vehículos de trabajo”.

Y precisamente ahí comienza el problema.

Porque una patrulla no es el vehículo del presidente municipal. Es una unidad adquirida y destinada para prestar un servicio público: vigilar las calles, atender emergencias y proteger a la población.

Cuando los periodistas le preguntó si realmente necesitaba dos patrullas, la respuesta fue contundente: “Para eso necesito las dos patrullas”.

Después vino otra afirmación todavía más reveladora. Cuestionado sobre por qué las llevaba hasta Ciudad Valles, fuera del municipio que gobierna, contestó que es el vehículo en el que se traslada siempre.

Es decir, no hablamos de una situación extraordinaria.

De acuerdo con las propias palabras del alcalde, estamos hablando de una práctica habitual.

Y entonces la pregunta de la periodista era no solamente válida, sino necesaria.

El tono también comunica

Pero el episodio no llamó la atención únicamente por las patrullas.

También por la manera en que el alcalde respondió.

Cuando la periodista preguntó si viajaba custodiado por temor a algo, Urbiola respondió:

“Jamás le tengo miedo. A usted no le tengo miedo”

Puede discutirse si se trató de ironía, molestia o simplemente de la forma habitual de expresarse del alcalde. Lo que no puede negarse es que el intercambio se volvió innecesariamente confrontativo.

Un servidor público puede considerar equivocada una pregunta. Puede explicar, aclarar e incluso rechazar la premisa de un reportero.

Lo que no debería perder de vista es que cuando un periodista pregunta por el uso de recursos públicos, no está pidiendo un favor.

Está haciendo su trabajo.

Y un alcalde debe rendir cuentas no solamente cuando las preguntas le gustan.

La actitud observada en el video puede ser percibida como arrogante o prepotente precisamente porque, en lugar de explicar con serenidad por qué dos patrullas acompañan habitualmente sus traslados, el presidente municipal terminó convirtiendo una pregunta de interés público en una confrontación personal.

Dos patrullas para el alcalde; ciudadanos preguntando por seguridad

El episodio adquiere todavía mayor relevancia por el momento que atraviesa Rioverde y la Zona Media.

El pasado 15 de septiembre se reportó el robo de un automóvil estacionado sobre la calle Francisco I. Madero, en plena zona centro de Rioverde. La unidad no había sido recuperada al cierre del reporte periodístico.

Un día después se informó del aseguramiento, también en Rioverde, de una camioneta Ford Escape con reporte de robo vigente; posteriormente la Fiscalía dio cuenta de otras unidades aseguradas dentro de operativos realizados en la región.

Tampoco puede ignorarse el problema de las desapariciones.

Apenas este mes, Edith Pérez Rodríguez, del colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros, advirtió sobre un incremento de personas no localizadas en Ciudad Valles, Tamuín y municipios de la Zona Media, y calificó la situación como crítica.

Eso no significa que cada robo o desaparición sea responsabilidad directa del alcalde. La seguridad pública involucra a autoridades municipales, estatales y federales, y una evaluación seria tendría que revisar incidencia delictiva, denuncias y resultados en periodos comparables.

Pero políticamente el contraste es inevitable.

Mientras hay ciudadanos preocupados por sus vehículos, sus negocios, sus calles y hasta por familiares que no regresan a casa, el alcalde reconoce públicamente que utiliza dos patrullas como parte habitual de sus traslados.

Y cuando se le pregunta por ello, parece molestarle la pregunta más que preocuparle explicar la decisión.

“Tengo cuarenta patrullas”

Urbiola respondió además que Rioverde cuenta con 40 patrullas y negó que tener dos unidades destinadas a sus actividades represente desatender la seguridad.

Podría ser así.

Pero justamente para eso existe la rendición de cuentas.

Si las unidades forman parte de un dispositivo de seguridad asignado al alcalde, el Ayuntamiento puede explicar bajo qué criterio se determinó.

Si son vehículos para supervisión operativa, puede aclararse quiénes los tripulan, cuáles son sus funciones y por qué deben acompañarlo cuando sale de Rioverde.

Y si verdaderamente son, como afirmó el edil, simplemente sus “vehículos de trabajo”, también sería pertinente explicar desde cuándo una patrulla municipal adquiere ese carácter para uso permanente del presidente municipal.

El problema no se resuelve diciendo: “Tengo cuarenta patrullas”.

Porque los recursos públicos no se justifican únicamente por cantidad.

Se justifican por necesidad, función y resultados.

Gobernar también implica saber responder

Arnulfo Urbiola ha defendido públicamente que participa personalmente en tareas de supervisión de seguridad y que realiza recorridos desde temprana hora. En la región, además, corporaciones estatales, federales y municipales mantienen operativos coordinados ante distintos hechos delictivos.

Eso también debe decirse.

Pero supervisar la seguridad no coloca a ningún alcalde por encima del cuestionamiento público.

Al contrario.

Quien decide asumir personalmente ese papel también debe estar dispuesto a explicar por qué lo hace, cómo lo hace y qué resultados ofrece.

La entrevista de Magui López dejó una pregunta incómoda, pero legítima:

¿Son las patrullas para cuidar Rioverde o para acompañar al alcalde?

Urbiola respondió que ambas cosas forman parte de su trabajo.

Los ciudadanos tendrán sus propias conclusiones.

Lo mínimo que puede exigirse desde el periodismo es que las preguntas puedan hacerse sin que la respuesta derive en ironías, retos o actitudes intimidatorias, como acostumbra el Edil, al que ya se conoce como “hampón administrativo”.

Porque una patrulla pertenece al municipio.

Y la autoridad también.

No al alcalde. A los ciudadanos.