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Sheinbaum pone orden rumbo al 2027

EL ORÁCULO

Por: Esteban Espinoza

Hay frases que en política pesan más que cualquier cifra; En su Segundo Informe, Claudia Sheinbaum pronunció una que debería ser leída con mucha atención dentro de Morena: “Aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”.

No fue una frase casual. Tampoco fue solamente un mensaje para la oposición. Fue una advertencia hacia dentro; porque mientras la presidenta habla de gobierno, resultados, soberanía y continuidad, en buena parte del país ya comenzaron a moverse las piezas rumbo a 2027.

San Luis Potosí no es la excepción. Y ahí es precisamente donde el mensaje presidencial adquiere otra dimensión. Primero el proyecto, Sheinbaum parece tener muy claro que el principal riesgo político de Morena no está necesariamente afuera; ¡Está adentro!.

Después de años de crecimiento electoral, el partido tiene hoy algo que cualquier fuerza política quisiera tener: Muchos aspirantes; Demasiados, incluso.

Hay quienes quieren gubernaturas; quienes buscan alcaldías; quienes quieren diputaciones; quienes sienten que ya les toca; quienes creen tener mejores números; y quienes comenzaron a moverse mucho antes de que llegaran los tiempos formales.

Ese escenario puede convertirse en fortaleza.; pero también puede convertirse en problema; la presidenta parece estar adelantándose a eso; su mensaje puede leerse de una manera muy sencilla: Nadie está por encima del proyecto.

Morena ya no puede vivir solamente de López Obrador Durante años, Andrés Manuel López Obrador fue el gran factor de cohesión de Morena; su liderazgo ordenaba; su palabra resolvía; su presencia contenía conflictos. Pero ese momento terminó; ahora esa responsabilidad le corresponde a Claudia Sheinbaum.

Y uno de los mayores retos de su presidencia será demostrar que puede mantener unido un movimiento donde existen cada vez más grupos, intereses y aspiraciones.

El Segundo Informe también sirvió para eso. Para dejar claro que existe continuidad con López Obrador, sí. Pero que la conducción política ahora está en otras manos.

La presidenta no necesita romper con su antecesor para ejercer autoridad; necesita demostrar que ella tiene el mando; y comienza a hacerlo; el mensaje para los adelantados

Rumbo a 2027 habrá una tentación evidente: Confundir trabajo político con campaña anticipada. Eso ocurrirá prácticamente en todos los estados.

También en San Luis Potosí. Habrá recorridos; eventos; fotografías; encuestas; declaraciones; estructuras; videos; y seguramente muchos intentarán convencer de que todavía no están buscando nada. ¡La historia de siempre!.

Pero desde Palacio Nacional el mensaje parece ser diferente. La prioridad presidencial no son las aspiraciones individuales. Es que el movimiento llegue unido. Sheinbaum necesita que Morena gane elecciones. No que sus aspirantes ganen guerras internas. Esa diferencia será fundamental.

San Luis Potosí entra en tiempos de definición. En el Estado de la tuna, el proceso de 2027 tendrá características particulares. Morena llegará con una estructura territorial mucho más fuerte que en procesos anteriores, con presencia política en buena parte del estado y con una marca presidencial que continúa teniendo peso electoral.

Pero también llegará con una competencia interna inevitable; la gubernatura será el centro de todas las miradas; y conforme se acerquen las definiciones, crecerán las presiones; cada grupo buscará colocar a su perfil; cada aspirante intentará demostrar que tiene territorio; cada liderazgo querrá acreditar cercanía con la dirigencia nacional. Ahí estará la verdadera prueba.

Porque Morena tendrá que demostrar que sus métodos internos sirven no solamente para elegir candidatos; también para mantener unido al partido después de elegirlos; ese suele ser el problema más difícil; la candidatura no será solamente cuestión de popularidad.

Otro mensaje que deja el discurso de Sheinbaum es que la presidenta quiere resultados. No solamente lealtades; eso también debería modificar la forma en que se analizarán las candidaturas; hasta ahora buena parte de la conversación política suele concentrarse en las encuestas; quién aparece arriba; quién tiene mayor conocimiento y quién tiene mejores negativos.

Pero rumbo a 2027 podría pesar otro elemento: quién garantiza continuidad política y gobernabilidad. Porque para Claudia Sheinbaum las elecciones intermedias no serán solamente procesos locales. Serán también una evaluación de su gobierno.

Cada gubernatura que gane Morena fortalecerá la Presidencia. Cada estado que pierda abrirá una discusión política. Por eso las candidaturas tendrán una dimensión nacional. San Luis Potosí será parte de esa ecuación.

El Verde también estará en la conversación y aquí aparece otro factor inevitable. La relación entre Morena y el Partido Verde.

En San Luis Potosí, esa relación nunca ha sido sencilla. Hay cooperación nacional; hay coincidencias legislativas, hay alianzas en distintos espacios. Pero existe también competencia política; Rumbo a 2027, esa convivencia enfrentará una prueba mucho mayor.

Porque una cosa es compartir votaciones; otra muy distinta es definir quién encabeza una candidatura a gobernador; ahí comienzan los verdaderos conflictos; por eso el llamado de Sheinbaum a la unidad también puede leerse dentro de la relación con sus aliados.

La presidenta sabe que el bloque político que la llevó al poder necesita mantenerse competitivo. Pero también sabe que Morena no puede renunciar a construir su propia fuerza; ese equilibrio será una de las negociaciones más importantes rumbo al siguiente proceso electoral.

La oposición apuesta al pleito; la oposición tiene una estrategia bastante evidente.

Esperar. Esperar que Morena se divida; que sus aspirantes se enfrenten; que las dirigencias pierdan el control; que aparezcan candidatos inconformes; que alguien rompa.

Esa ha sido durante años una de las apuestas de los adversarios de la 4T. Sheinbaum parece conocer perfectamente ese escenario. Por eso dijo: no hay divisiones, no hay rompimientos.

Más que una descripción del presente, podría ser una instrucción para el futuro.

La presidenta necesita partido, no tribus, ese quizá sea el verdadero fondo. Claudia Sheinbaum necesita convertir a Morena en una fuerza política capaz de sobrevivir a sus propias disputas. Un partido; no una suma de grupos. Un movimiento; no una colección de proyectos personales.

Porque el poder genera inevitablemente aspiraciones. Y Morena tiene hoy mucho poder que repartir. Ahí está su mayor fortaleza; pero también su mayor riesgo.

La lectura potosina Para quienes desde San Luis Potosí ya piensan en 2027, el Segundo Informe dejó una señal bastante clara. La carrera puede haber comenzado en los hechos.

Pero las decisiones no se tomarán solamente en las calles, las encuestas o las redes sociales.

Habrá un componente nacional; y la presidenta tendrá peso; mucho peso.

Quien quiera representar a Morena tendrá que demostrar competitividad; pero también disciplina: territorio, unidad, capacidad de sumar; Y, sobre todo, que no se convierta en un problema para el movimiento si la decisión final no le favorece.

Ese último requisito podría ser más importante de lo que parece; porque ganar una encuesta sirve de poco si detrás quedan fracturas capaces de hacer perder una elección. Sheinbaum ya empezó a marcar la cancha El Segundo Informe habló del país. Pero también habló del poder.

Claudia Sheinbaum comienza a ocupar plenamente el espacio político que corresponde a una presidenta con un movimiento mayoritario detrás. No rompió con López Obrador; no necesita hacerlo; lo que está haciendo es algo distinto: construir autoridad propia sobre la misma base política.

Y rumbo a 2027 esa autoridad será puesta a prueba. En San Luis Potosí, como en otros estados, comenzarán los jaloneos; habrá aspirantes; habrá grupos; habrá encuestas; habrá presiones. Pero después del mensaje presidencial existe una advertencia que todos deberían tener presente: se puede competir por una candidatura. Lo que no se puede hacer es poner en riesgo el proyecto.

Porque Claudia Sheinbaum ya empezó a marcar la cancha. Y en Morena, rumbo al 2027, nadie debería confundirse sobre quién tiene hoy el silbato.