por Estteban Espinoza.
La nueva indumentaria de la Selección Mexicana de Futbol ha dejado de ser una simple prenda deportiva para convertirse en un fenómeno comercial y cultural sin precedentes a nivel global. En un hito histórico para el marketing deportivo, la camiseta se ha coronado como la más vendida de todo el mundo, superando en demanda a potencias históricas de la marca Adidas, como las selecciones de Alemania y España.
De acuerdo con cifras de la industria, la firma alemana ha comercializado la impresionante cantidad de cinco millones de jerseys. Con precios al público que oscilan entre los 2 mil y los 3 mil pesos según la versión (aficionado o jugador), el impacto económico es monumental: una derrama que se estima cercana a los 15 mil millones de pesos.
El verdadero motor de este récord de ventas no solo se encuentra dentro de las fronteras nacionales. Las estadísticas revelan un comportamiento de mercado fascinante: el 50% de las compras se realizaron en territorio mexicano, mientras que el otro 50% se concentró en los Estados Unidos.
Para los millones de personas de origen mexicano que residen del otro lado de la frontera, la playera se transformó en un símbolo de resistencia cultural, nostalgia y conexión inmediata con sus raíces. Portar el jersey en las calles de Los Ángeles, Chicago o Houston se convirtió en una declaración de identidad.
Sin embargo, detrás del avasallador éxito financiero se ha encendido un intenso debate en las plataformas digitales sobre el valor y la protección del patrimonio histórico de México.
El gran atractivo visual de la prenda radica en su pecho, donde se despliega una estilizada representación de la Piedra del Sol, popularmente conocida como el Calendario Azteca, uno de los monolitos más sagrados y representativos de la cosmogonía mexica. Para poder plasmar esta imagen con fines comerciales, Adidas gestionó un permiso oficial ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
La sorpresa —y posterior indignación de muchos internautas— llegó al revelarse el costo de dicha autorización: la multinacional pagó únicamente 41 mil pesos por los derechos de reproducción. Al contrastar esa cifra con las ganancias multimillonarias de la marca, las críticas no se hicieron esperar.
La postura oficial: Ante el revuelo, el INAH aclaró que la institución no “vende” ni lucra con los símbolos nacionales. Los 41 mil pesos corresponden estrictamente a un derecho y procedimiento administrativo tabulado por la ley para regular el uso de imágenes del patrimonio. Su misión primordial es la protección jurídica y el registro, no la co-participación en las ganancias de las empresas.
El caso mantiene dividida a la opinión pública. Por un lado, un sector crítico argumenta que un emblema de tal envergadura histórica debió generar un beneficio económico directo y proporcional para el desarrollo cultural o el apoyo a comunidades indígenas en el país.
Por el otro, expertos en marketing y entusiastas destacan el valor intangible de la campaña: la playera ha proyectado la riqueza prehispánica de México a vitrinas internacionales nunca antes alcanzadas, despertando la curiosidad de millones de extranjeros por conocer el verdadero significado, la historia y el origen de la Piedra del Sol.
Más allá del balance financiero, la realidad es que la camiseta ha demostrado el poder magnético de las raíces mexicanas. Lo que comenzó hace siglos como un monumento de piedra en Tenochtitlán, hoy es un fenómeno global de la cultura pop que viste a millones alrededor del planeta.
